domingo, 21 de julho de 2013

Idiomas... ¿cuántos son realmente necesarios?

Me intriga cuando encuentro en una revista de gran circulación un artículo sobre un adolescente que habla 23 idiomas. ¿Será que esto es necesario? Pienso que si los medios de comunicación le dan tanta importancia es porque a los papás les debe parecer un hecho muy positivo.
¿Cuál es la importancia real de este aprendizaje? Los niños en un mundo globalizado deben hablar algunos idiomas, pero ¿¿¿23???  ¿Para qué? El gran problema es que, en nuestra sociedad, el valor está en lo cuantitativo y no en lo cualitativo. La cantidad no marca la diferencia como se piensa. Deje que el niño precise del otro idioma para que tenga  un aprendizaje placentero.  Solo  aprendemos aquello para lo cual  tenemos esquema. Precisa haber una necesidad. Presentar situaciones diversas a los niños a través de libros, filmes y dejar que perciban los idiomas y tengan ganas de comprenderlos. Los niños, a veces, pasan años y años en cursos y de salen sin saber el idioma que estaba siendo enseñado, y en un viaje rápido, aprenden lo que no consiguieron en años. Aprender un nuevo idioma puede ser una gran diversión.
No debemos olvidar que existen metodologías para aprender un nuevo idioma. Una forma simple es observar cómo un bebé aprende a hablar. No debemos estar preocupados inicialmente con la representación. Recuerden que un niño habla cuando tiene dos años más o menos y solamente aprende a leer y escribir cuatro años después.
Vemos que las metodologías de los idiomas trabajan todo al mismo tiempo, porque están basadas en la edad cronológica de los niños y no en una nueva estructura que se presenta.
Debemos enseñar los idiomas psicogenéticamente.

domingo, 12 de maio de 2013

Alfabetización a los 8 años


Ocho años… una edad mágica para los legisladores, porque trataron de una cuestión altamente compleja – el momento de alfabetizar – como un elemento meramente burocrático. Sí, porque lo que dice si un niño está o no pronto para ser alfabetizado no es la fecha de nacimiento, sino su nivel de desarrollo mental. ¿Cuándo van a entender    eso? Sí, ocho años no fue una apuesta muy lejana de la realidad, porque es entre los 6 y 8 años que los niños conservan el número, siendo esta la estructura mental que les proporciona las condiciones de alfabetización lógica. Si en este caso fue una decisión correcta, por mera casualidad, en todos los demás no lo es, o sea, estipulan la edad de lo que debe ser enseñado y no quieren saber si eso va a funcionar o no. El ser humano adora sistematizar, porque este es un modelo que funcionó en gran parte de la historia de la humanidad, pero es necesario que esto no se realice compulsivamente, corriéndose el riesgo de cometer barbaridades meramente porque “tiene que ser así”, y pronto. Quien dice si un niño está pronto para aprender o no algo es su nivel de desarrollo mental, nada más. Lo que sucede, la mayor parte de las veces, es que obligan a los niños a entender una cosa para la cual no tienen esquema. Es como obligar a una persona que no está en buena forma física a escalar una montaña. ¡La posibilidad de todo salir mal es enorme! Pero eso no se considera en Educación.

   En el caso de la alfabetización, por ejemplo, el gran consejo é trabajar el pensamiento matemático, porque a partir de este el niño sigue adelante sin problemas. Pero, los niños terminan muchas veces el curso fundamental sin saber las cuatro operaciones. ¿Fracciones? Ni pensar... Nadie parece saber que existe el pensamiento infralógico y que precisa ser trabajado para crear un pensamiento matemático consistente. O sea, marcan la edad para alfabetizar, marcan la edad para enseñar matemática, y nada funciona porque está todo desasociado cuando debería ser totalmente vinculado. El cerebro humano no entiende lo que los calendarios escolares quieren decir y se comporta de la forma más natural posible desarrollando cada etapa de acuerdo con sus posibilidades. Y cuando no hay colaboración para eso, va como le es posible.
Algo es cierto: alfabetizar a un niño para que después no lea es simplemente criminal. Padres, profesores, directores, todos deberían estar comprometidos con ese enorme esfuerzo de alfabetización, porque todo lo que viene “después” depende de eso. Una alfabetización inadecuada genera no-lectores, que sin la lectura no irán muy lejos
Al final de cuentas, alfabetización es solamente un know-how. Tenemos que preocuparnos en saber cómo vamos a usar la lectura a partir de ahí, en pro del desarrollo de la inteligencia.

Escuela Desde La Temprana Edad



Cuanto antes los niños vayan a la escuela, más posibilidades desenvolvimiento tendrán.  James Heckman, ganador del Premio Nobel de economía de 2000, ya señalaba, a través de estudios que realizó, el efecto de los programas sociales de educación y concluyó que el desarrollo de la educación es crucial para el avance de un país. Es muy bueno que un economista diga esto, ya que son las figuras más oídas en nuestra sociedad. Dicho por un educador, parece algo utópico. Mostró que el desempeño de los niños que comienzan la escuela antes es mejor a lo largo de su jornada académica. Entonces ¿por qué estamos esperando?

Vamos a los problemas. De nada sirve colocar a los niños en depósitos escolares. Precisamos una planificación adecuada para promover el desarrollo cognoscitivo y afectivo de ellos. Precisamos profesores muy bien formados, y Piaget destacó que cuanto más jóvenes fueran los alumnos, mejores deberían ser los profesores, porque       deben ejercer una gran influencia sobre sus alumnos. Cuando los jóvenes que poseen una buena formación académica llegan a los preparatorios ya consiguen ser autodidactas, no necesitando que los profesores los estimulen, como en el caso de los niños del sensorio-motriz y del período simbólico (1año hasta 3/4/5 años).
Los grupos deben tener un número bien reducido para que cada niño reciba una atención individualizada como sucede en el método psicogenético creado por el Prof. Lauro de Oliveira Lima.
El edificio que los alojará debe ser pensado de tal forma que el niño se sienta acogido, no debando tener la forma fría de las escuelas concebidas actualmente. Los niños precisan ser acogidos
Interesante que en Canadá y en Finlandia, el gasto con los profesores de esa etapa son los mayores de toda la educación básica. No tenemos aún la cultura de formación de profesores y debemos pensar rápidamente sobre este asunto para poder cumplir la determinación de la ley que obliga a los padres a matricular a sus hijos cada vez más temprano en las escuelas.
Ya tenemos la parte legal, falta ahora ponerla en práctica... y con calidad.
Beta

sábado, 4 de maio de 2013

Los padres y las pruebas





   Una amiga mía, escribiendo para una revista, mandó una serie de preguntas sobre el tema ¿“Los papás deben ayudar a los niños a estudiar para las pruebas? “. Me pidió que respondiera aisladamente cada cuestión, pero me pareció mejor colocar mi opinión en forma de un texto que reflejara lo que pienso sobre el asunto. Pienso que así puedo contribuir más y mejor para que esta cuestión sea discutida y sobre ella se reflexione.
   En primer lugar, soy totalmente contra de que los padres ayuden a los hijos a estudiar, y menos aún para las pruebas. Esta es una situación absurda, que corrompe por completo el acto de estudiar. Estudiar “apenas” para las pruebas, es un acto que va a tener un mal reflejo en la vida de los niños. Estudiar debería ser una acción continua, promovida por la escuela de tal forma que, al final de un determinado período de tiempo, podría verificarse qué es lo que el niño sabe de determinado asunto. Colocar un punto de evaluación y permitir que el niño estudie apenas para superarlo, no contribuye para la formación de nadie. Estudiar es más que apenas “saltar obstáculos” (pruebas).
   Considero correcto que los padres pongan a su disposición materiales (enciclopedias, libros, revistas, computadoras, etc.) y un local agradable y permanente para que los niños estudien. Promover encuentros con los amigos para un estudio en grupo es muy provechoso. Lo que no se debe es colocar al niño bajo el yugo de los padres ni de los profesores particulares para que, en aquel período corto de tiempo que antecede las pruebas, hagan un maratón con el único objetivo de superarlas. Eso es dar una muleta al niño, lo que no le ayuda a caminar por la vida. Y denuncia la falta de eficiencia de las escuelas.
   La “semana de pruebas” se transformó en un desgaste enorme porque la sociedad convino que así sería creando un “valor social” para el momento. Niños no nacen pensando en pruebas, y la escuela debería ser la primera a desmitificar este momento burocrático que no agrega nada. A los papás, les incumbe la función de ser papás. Conversar, jugar, pasear, estimular la inteligencia a través de libros y suscripciones de revistas... nunca enseñar. Esta función es de la Escuela y de los profesores que allí están para realizar esa función. Si las cosas no son así, puede haber una inversión de valores, con el niño jugando durante las clases porque saben que en casa, la mamá o una explicadora les enseñarán lo que deberían estar aprendiendo en la escuela.
   A los papás, les incumbe también la función de determinar los horarios en que los niños van a estudiar, porque estos tienen enorme dificultad para adquirir la noción del tiempo. Y aun sabiendo las horas, los niños difícilmente hacen una planificación. El estudio sólo es placentero si el hábito de estudiar se crea desde la más tierna edad. Desde muy pequeño, el niño debe tener acceso y ser invitada a ojear libros y revistas, recortando figuras y haciendo collages. Y el ambiente de estudio en casa debe ser bastante valorado y agradable, con horarios determinados. Padres que trabajen o no, deben tener un tiempo para conversar sobre la escuela y sobre las tareas de casa, pero nunca deben enseñarles nada a sus hijos. Papás no están habilitados para estas tareas y, en ciertos casos, son totalmente incapaces para la actividad pedagógica.
   “Estudiar para la prueba” es aburrido, Es algo artificial. No tiene sentido para los niños, que deberían estudiar, diariamente, por lo menos durante dos horas, con satisfacción y alegría, usando sus materiales en un ambiente agradable. Y refuerzo este ítem: ambiente agradable. Muchas veces, los padres quieren que sus hijos estudien en la mesa de la sala, local que a cada momento debe ser desocupado para uso de la familia. Al contrario, providencie una pequeña mesa para el cuarto del niño, o en algún lugar que debe ser dedicado a quien tiene una tarea principal, estudiar. Cuidado para el hábito de colocar en el cuarto del niño una televisión y la computadora, olvidándose de colocar una mesa y un estante para sus libros, cuadernos y materiales diversos.
   Y para completar, los padres deben cuidar no de la cantidad, sino de la calidad de la atención que les dan a sus hijos.

¡Crecer es doloroso, pero vale la pena!

 

   Su hijo tiene que crecer. No importa que sea su “baby”, porque es el más joven o el único. No hay otra solución: o crece o crece. El crecimiento no está solamente relacionado con la estatura, sino principalmente con el aspecto psicológico. En cada etapa del desarrollo, debemos ir exigiendo progresivamente comportamientos diferenciados y, dependiendo de las dificultades que tengan para realizar la tarea solicitada, ir dosificándola cuidadosamente, pero sin pena.
   A los 3-4 años sus hijos ya comprenden una serie de reglas y no precisan que hagamos todo por ellos. La alimentación debe estar en el dominio de ellos. Deben vestir las ropas, algunas con alguna dificultad, pero deben siempre intentarlo. Acostarse, levantarse ya está a cargo del proprio niño. No mantenga a su hijo dependiente de usted. Aunque sea bueno hacer todo para ellos, es importante que caminen siempre en dirección a la independencia. Ya que no somos eternos y aunque lo fuésemos, la regla de la vida es prepararlos para volar y no tener que cargarlos eternamente.
   A los 7 años, cuando inician las operaciones concretas, el mundo ya está en sus manos. Recuerde que la mayoría de los adultos con quien convivimos, tienen este tipo de pensamiento y por ser grandes (adultos físicamente) les damos muchas misiones que no les damos a nuestros hijos por pensar que son incompetentes para hacerlo. Ya pueden hacer todo lo que se refiere al mundo concreto. Arreglar, lavar, utilizar muchas cosas en la cocina, atender el teléfono, hacer anotaciones y otras tareas posibles.
   ¿Por qué, entonces los papás van atrás de sus hijos para que estudien, para que no se queden o en la computadora todo el día o hablando por teléfono? Los niños, no teniendo tareas y obligaciones, son dependientes de las órdenes de sus padres y acompañen su desempeño. Las tareas de casa (deber de casa) son un martirio para los padres que piensan que es obligación suya y que, si no se dedican, los niños y adolescentes no van a conseguir realizarlas. Estas tareas son de los niños y adolescentes y sólo a ellos les incumbe la responsabilidad. ¿Por qué los niños y adolescentes no tienen en casa un cronograma con las tareas que deben realizar? Parece que son mascotas. Son seres inteligentes y deben participar activamente de sus casas. Sentirán que forman parte de la comunidad familiar sólo si tienen obligaciones.
   Los papás consiguen aguantar que sus niños no hagan nada en casa, pensando que es normal e interesante que la madre o la auxiliar de la familia realicen todas las tareas vinculadas con los niños, pero cuando se transforman en adolescentes comienzan las discusiones para que hagan las tareas que nunca aprendieron. No se aprende sin hacer. Para Piaget “en el principio está la acción.” El adolescente se enoja por no entender el motivo de que ahora quieran que tengan obligaciones y realicen tareas.
   Todo que vemos en nuestros hijos adultos es resultado de lo que realizamos desde la primera infancia. Todo lo social deberá ser aprendido, entonces vamos a enseñárselo. Organice una tabla con las tareas de rutina. Los adultos organizados tienen esta lista interiorizada. Los niños no consiguen hacerlas sin visualizarlas y todo el tiempo precisan un feedback de cómo las realizó.
   Permita que sus niños aprendan a despertarse solos, a desayunar solos y a hacer solos los preparativos para la escuela. Si no hacen las tareas solos dejan de tener una enorme experiencia de vida. Es muy bueno tener un bebé en casa, pero ellos tienen que llegar a la edad adulta cueste lo que cueste. Vamos a dejarlos crecer.

domingo, 21 de abril de 2013

Heteronomía – REGLAS


¿Hasta qué edad debemos dar órdenes directas a los niños? Esta es una pregunta importante, porque sirve de orientación para muchos papás. Su hijo puede sentirse totalmente inseguro si permite que decida lo que aún no tiene condiciones de evaluar. O sea, dar autonomía sin condiciones para eso es una excelente forma de crear un problema donde no lo había. Al inicio del desarrollo, los niños son ANÓMICOS, o sea, no entienden las reglas y por lo tanto no tienen orden. A veces, los padres piensan que el niño es porfiado, porque repite actos que ya fueron prohibidos anteriormente. No es así: simplemente no entendió la prohibición. Piensan que se refiere solo a aquella determinada acción y van a repetirla sin culpa.
¿Cómo podemos ayudar al niño a salir de esta situación? Haciendo con que realice otra acción. Este período puede ir hasta los 3 años de edad, si el niño no tiene contactos sociales. El período siguiente es la HETERONOMÍA, que trae las reglas externas siendo este el tiempo de aprender cuáles son las reglas sociales y cómo debemos comportarnos. Los papás muchas veces no lo entienden y dejan que los niños decidan situaciones que no tienen condiciones de evaluar. Ser firme y determinado en esas condiciones es muy importante.
Criar niños seguros es un objetivo que debe ser perseguido. Observe el comportamiento de los cachorros de los animales y vean cómo las madres los dejan, gradualmente, ir realizando tareas. Deje que su hijo haga lo que ya consigue.
Los niños no tienen lógica, y comprender eso es fundamental. No podemos querer transferir nuestra lógica adulta para los comportamientos infantiles. Siempre que el niño irrita un adulto, debemos analizar cual comportamiento adulto fue frustrado, porque realmente el niño no quiso agredir al adulto con su comportamiento (agresión es algo de adulto).

Escuela y Trabajo

Observo siempre y me llama la atención, la relación existente entre la Escuela y el Trabajo. Una especie de “relación directa” aceptada con naturalidad pero que no estoy segura si es verdadera, porque considero que la Escuela debe ser totalmente lúdica, llevando a la creatividad, al interés por la investigación, al desarrollo de estructuras que resulten en la capacidad plena de ser inteligente. El trabajo, a su vez, tiene una rigidez que no promueve estas situaciones.
Cuando vemos en la prensa el histórico de personas exitosas, en general, se verifica si ellas fueron o no “buenos alumnos”. Mi pregunta es: “¿las escuelas, de una forma general, preparan al individuo para el trabajo?”. Creo que las escuelas precisan encontrar su posición dentro de la sociedad, existiendo como un campo neutro de desarrollo de la inteligencia y, en consecuencia, de la creatividad. La profesionalización debería ser un momento específico, en el momento adecuado, cuando serían ofrecidos cursos específicos para orientar para el trabajo. Confundir las cosas no resulta en el desarrollo de la inteligencia ni en la formación para el trabajo.
Escuela es algo diferente. Debería ser un campo para pensar, porque solo tenemos que enseñar a pensar. El conocimiento está en el universo de los niños, que sabiendo pensar, van a encantarlo. Los cambios en el mundo de hoy son tan rápidos que, siempre que “enseñamos” algo, vemos que está desactualizado en menos de seis meses o antes. ¿Cuál es la Química que debemos enseñar? ¿Y la Física? Ya estamos viendo que ni la ortografía parece tener más valor en las evaluaciones que se realizan. ¿Para qué aprender materias “enyesadas”? Vamos a enseñar a LEER y a PENSAR.
Entiendo que la internet debe estar dentro de las escuelas, para que los niños tengan un referencial para sus vidas. Los muros de las escuelas no pueden estar cerrados para el mundo, porque los niños, de hecho, forman parte de ese mundo – y en general, están mejor informados que sus profesores.
El hecho es que el Trabajo tiene la preocupación de formar sus cuadros y para eso es necesario que la escuela ofrezca personas inteligentes y creativas. Solo así daremos el gran salto que Brasil precisa y merece dar.